Hay un estudio de la Universidad de Tilburg que dice, con todas las letras, que las mujeres eligen mejores regalos que los hombres. No como opinión. Como resultado de experimento. La razón que identificaron es que ellas piensan más en las preferencias de quien recibe, mientras que nosotros tendemos a priorizar lo práctico o lo material.
Lo cual, si sos honesto, no te sorprende demasiado.
El punto no es que seamos malos tipos. Sino que hay razones por las que esto pasa, y entenderlas puede ayudarnos a descubrir oportunidades. Acá van.
El problema de fondo: resolvemos hacia adentro
Los hombres procesamos problemas de una manera que tiene consecuencias directas en cómo elegimos regalos.
Cuando a un hombre le aparece un problema, lo normal es que se lo lleve adentro. Lo piensa. Lo da vueltas, lo desafía; a veces... lo esquiva. Pero cuando aparece una solución, sale ya armada. No necesita contárselo a nadie para resolverlo: el proceso fue interno.
Las mujeres funcionan distinto. El proceso de resolver es el de expresar. Hablan del problema y mientras lo cuentan, lo sienten, lo procesan. La solución no viene antes de hablar: viene mientras hablan. Por eso cuando ella te cuenta algo difícil, en muchos casos no está buscando que le soluciones nada. Está usando la conversación misma como mecanismo de resolución.
¿Qué tiene que ver esto con regalar? Bastante. El impulso que nos lleva a querer resolver rápido y de manera práctica también nos predispone a elegir regalos funcionales. Y eso no es lo que la ocasión pide. Un regalo no es para resolver un problema. El rol del regalo es comunicar algo.
No escuchamos durante el año
Tan común como evitable: Las mujeres dejan pistas todo el tiempo. No hay estrategia o doble intención (al menos no consciente): van por la vida comentando las cosas que les gustan. "Mirá qué lindo ese collar". "Tengo ganas de ir a ese lugar algún día". "Ese perfume es increíble, Pepita siempre lo usa". El hombre promedio escucha eso. Empatiza, dice "Sí, lindo"; y sigue.
Cuando llega la fecha, asoma el pánico y una tarjeta de débito. Y la solución? Acá está.
La persona que escuchó durante el año llega con cinco ideas buenas ya resueltas. No es un talento especial. Es atención.
Priorizamos utilidad funcional por sobre utilidad estética
¿Por qué las mujeres quieren que la cama esté llena de almohadones decorativos que no se usan? Pero después, a la noche, hay que quitarlos todos. ¿Qué sentido tiene esto?
Es pura estética.
Seguro te acordás también del caso de Homero diciéndose que *Ahora si va a ser una sorpresa la plancha*
Ni aunque sea Rosa!!
La dinámica es real y más sutil en la vida cotidiana. Un regalo útil puede ser un buen regalo. Pero tiene que ser útil para ella en términos de lo que ella valora. Por ejemplo un pañuelo de colores pastel para que lo ate a su cartera y le agregué así un poco más de vida, idealmente sería de longitud media así lo puede usar en el cuello. O como cinturón (es más común de lo que pensás)
No entendemos nada de ropa
Este merece su propio apartado porque es más profundo de lo que parece.
El hombre común maneja un vocabulario de ropa bastante acotado. Remera, pantalón, vestido, campera. ¿Hay más? Vos y yo sabemos que sí.
¿Y tipos de telas? Algodón, polyester, seda... y ahí nos quedamos.
¿Sabés que hay por lo menos 24 clases de faldas o polleras? ¿Qué es un body? ¿Qué diferencia hay entre un top y una musculosa? ¿Qué es un culotte, un palazzo, un midi? ¿Una blusa y una camisa son lo mismo? Muchos no tenemos ni idea. Para ella importa, y mucho. Tenemos clableados diferentes.
El problema no es no saberlo: es no saber que no sabemos. Entonces alguien entra a un local, ve "algo lindo" y lo compra sin tener idea de si encaja con el guardarropa de ella, si es el corte que le queda bien, si ese tipo de botón atrasa (me pasó con una camisa para mí que estaba buena pero venía con botón de no sé qué tipo que daba a una moda re antigua).
Y después están los colores... que me hace acordar al chiste del que llama al 911 para pedirle que le ayuden a desarmar una bomba y cuando le preguntan los colores le dice que uno es cobalto claro y el otro carmesí suave...
Si entrás a comprar algo sin entender ese universo, hay menos pocas chances de acertar. Y no es culpa tuya: es que falta vocabulario. Nosotros te lo resolvemos.
Priorizamos el precio sobre el pensamiento
Más caro ≠ más esfuerzo. Si pensamos más caro = más esfuerzo, entonces derivamos que más esfuerzo equivale a más amor.
NO!
Una joya carísima, que no va con su estilo, comunica que gastaste plata. Una cosa chiquita relacionada con algo que ella mencionó al pasar hace seis meses comunica que la escuchás. Casi siempre el segundo impacta más que el primero.
No digo que el precio no importe. Suma, pero si el precio está y el pensamiento no, el regalo queda vacío de toda esencia.
Qué hacer con todo esto
La buena es que nada de lo que describí acá categoriza como un rasgo de personalidad inamovible. Es falta de práctica en prestar atención a cosas que no nos enseñaron a notar, o que por simple genética o evolución no nos despierta mayor interés.
Se puede mejorar igual. Podés empezar por escuchar de verdad cuando ella reacciona positivamente a algo. Por googlear qué es un body antes de entrar a un local. Por preguntarle a alguien que la conozca antes de ir al shopping en modo pánico.
O, más directamente: por hablar diez minutos con nosotros que tenenemos criterio para esto y dejarte recomendar. Eso es exactamente lo que hacemos en Problema Fino.